¿De dónde partir para escribir un poema?


El primer libro que escribí en serio, si se puede decir así al hecho de tener un poco de más conciencia sobre lo plasmado, fue un libro que titulé Mar de cañaverales (La luciérnaga editores, 2000). Hablo de este libro porque me resulta fácil ilustrar la idea de cómo el entorno contribuyó a que yo pudiera escribir poemas. Sigo pensando que escribir es muy sencillo, incluso más que el habla (en mi caso hablo con muchas incorrecciones). Esta última es innata al hombre, es decir, nuestros antepasados antes de escribir contaban historias. Posteriormente, se llegó al punto de dejar evidencia de lo vivido, lo escuchado, lo añorado. Los sueños, por ejemplo, se plasmaron.

¿Qué sucede entonces en el momento de escribir un poema? Tal vez, miedo. ¿Qué puedo escribir en la página electrónica? ¿Cómo puedo llenarla? Antes que todo, les recomiendo mucha lectura. La lectura es muy importante porque nos marca pautas, ritmos, métodos, abre el campo temático; la lectura, en síntesis, afina el oído. Si comienzan imitando la escritura de otro, no está mal; no obstante, les recomiendo a la brevedad, desembarazarse de esa influencia. Hay quienes aún, después de muchos años, de varios libros, siguen escribiendo como Jaime Sabines, Octavio Paz, Efraín Bartolomé. Es incorrecto.

Hablaba de uno de mis primeros libros porque las imágenes que lo detonaron eran muy sencillas. Nací en una región de cañaverales y de esto comencé a escribir. La relación que hice en ese momento y, que sostengo tantos años después, es la misma: El cañaveral es el mar. Esta metáfora me abrió muchas posibilidades.

a) El cañaveral cuando lo agita el viento es el mar, el sonido es idéntico y las olas van y vienen.
b) Hay pájaros-gaviotas, se comportan de la misma manera, enterrándose en las crestas verdes o transparentes.
c) Los cortadores de caña son pescadores.
d) La luz sobre las hojas verdes de las cañas y sobre las olas nos permiten mirar acaso los mismos reflejos.
e) El ingenio azucarero y los barcos: grandes máquinas, fierros viejos, aspas, chimeneas, vapores.

Y luego, sus historias. Las historias surgen alrededor de los cañaverales como surgen alrededor del mar; las historias de la infancia, de la adolescencia, de la juventud; el deseo, el miedo, el horror.

Como verán, en aquella primera incursión poética un poco más acabada, tomé en cuenta mi entorno. Podemos entonces partir de esto para comenzar a llenar esa página electrónica. Dos elementos que podamos comparar o uno solo que nos permita movernos en múltiples direcciones.

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