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Las pulsaciones de los cuerpos

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Antes de levantar la bocina del teléfono, la figura de Guillermo toma forma en la mente de Laura. Está de pie o sentado, el teléfono puesto en la oreja, mientras una y otra vez se repite el timbre monótono.
     —Me dan ganas de abrazarte, apretarte. Meter mi lengua en tu boca, agitar las coincidencias.
     —No lo digas. La vida es angustia exagerada.
Era el mes de junio. En la mesa (un encuentro de escritores en el centro del país), Guillermo habló de una escritura que lo traspasaba violentamente y Laura insistió en historias de mujeres ávidas. Pero al final, el roce, el incendio que desarregló la habitación del hotel.
     —Cierra las cortinas. Te quiero únicamente para mí.

***

     —¿Qué nos pasó?
     —No sé.
     —Mi matrimonio está lejos de derrumbarse.
     —El mío es perfecto.
     —Entonces ¿qué nos pasó?
     —Quiero tu lengua. Necesito sentirla dentro de mi boca
     —Voy a desbordar los cauces.


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¿Puede una máquina escribir literatura?

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La pregunta que abre este texto surgió en el salón de clase. Algunos de mis alumnos pensaron de manera inmediata en aquellas máquinas de escribir de teclas duras y ruidosas. Otros, sin más, dijeron que sí. Hay aplicaciones que reproducen en la pantalla del celular o la computadora el mensaje dictado. Mi alumno no se refería ni a la primera, ni a la segunda. Pensaba más bien en una máquina que de manera autónoma generara novelas, poemas, cuentos, etc.
         Cuando pienso en los temas de la inteligencia artificial, de escritura inteligente, o bien, en el uso de robots en la vida diaria, siento dos cosas. Por un lado, fascinación ante esas máquinas poderosas o los alcances ilimitados en el campo, por ejemplo, de la medicina. Hace poco leía las grandes virtudes que tiene la cirugía robótica. Es la misma fascinación que siento cuando vuelvo a aquellos hombres que usaron y manipularon por vez primera el fuego. Por el otro, miedo y horror. El avance de la tecnología al servicio de unos cu…

Trabajar el poema en el aula de clase

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¿Para qué enseñar poesía? ¿Para qué sirve? ¿Por qué hablar de poemas cuando podemos hablar de tecnología, videojuegos, series de televisión? El docente se enfrenta a esta serie de cuestionamientos y más, cuando llega la hora de impartir el curso de poesía como parte de un programa académico. ¡Qué difícil es trabajar con grupos que no tienen el interés mínimo no sólo en la poesía, si no en la literatura misma! Además, como sabemos en México, los programas, las reformas educativas, las propuestas en torno a la lectura y la escritura, siempre están hechas al vapor.
         A la pregunta ¿qué entiendes por poesía? o ¿qué es la poesía? no exijo una definición inmediata. Es esta mi postura frente a mis alumnos. Hasta el día de hoy y, con muchos años de trabajo en ella, no logro concretar un concepto que la defina en todos los sentidos. Y eso, ocurre creo yo, con la mayoría de los poetas. Finalmente, creo que la definición no importa dentro del aula de clase; en cambio, importa que el alum…

La transformación maravillosa de la escritura

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Hay una pregunta que suelo hacer a mis alumnos: ¿Cómo surge la escritura? Es, en apariencia, una cuestión sencilla y se puede responder, sin mayor dificultad, a partir de lo aprendido desde la educación secundaria. La escritura tiene su antecedente en los primeros símbolos, pictogramas, que aludían a los objetos que representaban. Es la respuesta de unos. Otros dirán que nació en el corazón del mundo sumerio (sin olvidar la escritura neolítica o los ejemplos de la escritura en China, en la India, etc.). ¿Y cuál es la intención? Entender que la escritura es resultado de grandes saltos “cualitativos”. Lo que antes era un río y al lado de él, un niño, (hablo de un dibujo) el ideograma vendrá a aportar un pensamiento más abstracto. El logograma (que podía ser un pictograma, un ideograma o el mismo logograma) designará más adelante una idea más completa.             La pregunta también nos lleva a otro momento. La necesidad de dejar plasmado el paso del hombre por el mundo. La escritura y, …

Festejar a la poesía

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Siempre que hablamos de festejos mi pensamiento acude a la casa paterna y a los grandes banquetes con los que nos referíamos a los cumpleaños de mi papá, mi mamá, abuelos, tíos. Veo los manteles largos y las grandes cazuelas con guisos o potajes. Luego la música, porque mi familia, sabe cantar. Eran las canciones y la destreza incomparable de mi tío David en la guitarra, por ejemplo. De tal manera debemos festejar a la poesía. Diré, desde lo más íntimo y explosivo de mis emociones, algunas de las razones para organizar en su honor una fiesta: 
a). Me salva. Insisto en este término porque la poesía efectivamente me ha salvado en muchas ocasiones. Me salvó del suicidio. Ahora, que el amor se funda y yo en él, esas intenciones están muy lejos pero cuando se es mucho más joven las puertas se cierran y es muy difícil mirar otras salidas. b). Me ha dado muchos libros. Y los libros son hijos. Veo en cada uno, la vida, la experiencia, la memoria, los aciertos, los tropiezos; en síntesis, veo a …

Escribir poesía en la era digital

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No sé por qué comencé a escribir poesía. En algún momento he comentado mi acercamiento al trabajo poético de Amado Nervo y cómo, a partir aquella lectura, descubrí (y aún lo hago) el universo infinito de la literatura. Comencé a leer y a escribir. ¿Por qué? Porque hasta el día de hoy la poesía, en particular, me permite expresar sin resabios mi interior. Tal vez no con la intención de mostrar nada, allá afuera abundan las vidas catastróficas. Sencillamente mostrar mi interpretación de las cosas del mundo, esa revelación. A partir de mi experiencia, entiendo que la labor del poeta es rescatar imágenes del mundo que se desmorona para, por medio del oficio, expresarlas limpias y transparentes. En síntesis, hacer visible lo invisible; hacer visible, lo fascinante.             Con los años comencé a reflexionar sobre el proceso de escritura de la poesía. Puedo decir, sin salirnos de los propios géneros literarios, que no tiene nada en particular. Se escribe cuando la idea exige hacerse pal…

Caída libre

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Me han publicado un cuento en la Cantera Literaria en colaboración con Creators de VICE. Les comparto los dos primeros párrafos del cuento y ojalá continúen su lectura en el sitio de creators. Se invita a todos los cuentistas a seguir publicando sus cuentos en novelistik.com y compartirlo en Facebook o Twitter con el #CanteraLiteraria. ¡Tu cuento podría ser el siguiente! Más información en la fan page de Novelistik


"Caída Libre" es la tercera entrega de la cantera literaria, una entrañable colaboración entre Creators y Editorial Novelistik.

Caída libre  por Nadia Contreras
Brota la sangre. En un parpadeo, los platos y los vasos toman el color intenso de la sangre. No veo la herida, sólo la sangre en delgados hilos que lo empapa todo. Y el dolor, estallando en el centro de mi mano como una granada. No cedo. Me sujeto fuertemente arriba de la muñeca y eso hace que el dolor disminuya. En algún lado leí que todo consiste en engañar al cerebro.

Ella, la que no debería ser mi madre,…

El arte de escribir en un salón de clase

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Me tomé un respiro. Quienes se dedican a la docencia saben que en cualquier momento, a cualquier hora del día, se trastoca la armonía del salón de clase y lo más sano es salir a tomar un poco de aire. Es decir, bajar el coraje, la ira. Tantas personas reunidas en ese espacio pueden preparar y arrojar al centro de la tierra una bomba. Tomo aire y cuando vuelvo, la mayoría de mis alumnos están trabajando. Fue suficiente que me vieran como un ogro, aunque ellos saben que el ogro, es sólo un personaje más de la obra de teatro que protagonizo. Treinta minutos después la clase termina y tengo una hora libre. Luego, dos clases más de 45 minutos cada una. A lo lejos las voces de la escuela y dentro, aquí, en el salón, mis ideas comienzan a plasmarse en la hoja electrónica. Hace más de cuatro años escribo en una Tablet, y uso una aplicación fantástica: Evernote. Mis ideas se relacionan propiamente con el acto de escribir, sus espacios. Lo anterior tiene que ver con el Proyecto Escritorio (http…

¿Pretextos para no leer?

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La lectura es un tema que siempre brinda mucho material para el debate. Que si leemos, que si no leemos, que si somos de los que leemos sólo un libro o varios por año. Otro tema que sale siempre a colación en torno a la lectura, es el formato. Lejos de los apasionamientos, en torno a éste, no veo una batalla. Hay quienes nos sentimos cómodos leyendo en ambos formatos, hay quienes apuestan por lo meramente digital y quienes por lo impreso. Hablamos de una hibridación en el acto de leer. La lectura digital es una alternativa mucho más económica e, incluso, gratuita. Lo que verdaderamente es una batalla es la manera en cómo las personas adultas heredamos la lectura a los más jóvenes, o cómo los maestros la heredamos a los alumnos. Quienes estamos frente a un grupo, o muchos grupos a lo largo del día, sabemos que ante la tecnología tenemos muchas desventajas. ¿Cómo los maestros podemos competir contra toda esta información a la que el alumno accede en un minuto, a través de sus dispositiv…

No estamos preparados para esto

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Comencé a leer el libro de poemas Dones del autor escocés John Burnside. Debo confesar que me ha gustado por las razones que enumero a continuación: a) la sencillez; b) la imagen precisa; c) la vida cotidiana como punto de partida; d) la complicidad que su poesía establece con el lector. Burnside es eminentemente un poeta visual y esto también me tiene atrapada. Mientras avanzo en la lectura, pienso mucho en lo que vivimos en este momento. Hay un poema que me parece medular en esta catástrofe. Transcribo las primeras líneas:

No estamos preparados para esto:
                                       el fulgor de unos ojos

y el camino costero emborronado de arena
por el viento de la tarde;

como jamás lo hemos estado
para el alma, cuando acontece: la faz
del búho bordada en la oscuridad; el incendio
         súbito.

Es difícil concluir en aquello para lo que estamos verdaderamente preparados. Incluso, ante las noticias gratas, hay cierta conmoción. Para La Muerte, nadie está preparado. Nad…