El horror: la transfiguración perenne


Las fotografías antiguas me causan terror. Las posturas de aquellas personas, los gestos, la mirada, la mayoría de las veces, no al centro de la cámara, si no fija en un punto, una esquina, o sobre aquello que la lente no atrapa. Jamás entraría a una habitación de paredes llenas con retratos antiguos o retratos “post mortem”, como tampoco entraría en la casa de los espejos. Hay en la muerte y en estos últimos, una especie de fuga, habitar otro espacio y en él, como escribe Borges, ese “rostro que mira y es mirado".
Dentro de las fotografías (son también un espejo), aquellas personas dejan caer sobre nosotros una serie de interrogantes: la casi inexistencia del ataúd y los episodios felices. Las fotografías y los espejos se convierten en horror. Hay una fotografía, por ejemplo, que resulta impresionante si se mira con detenimiento. La mujer sostiene a su bebé fallecido en los brazos. De manera contraria, los ojos de la mujer han perdido la nitidez de las cosas y el bebé parece dormido.
Hay otra idea sobre las fotografías y los espejos: la transformación. Disfrazados tratamos de encontrarnos, de establecer un diálogo principalmente con nosotros mismos y con los demás. En ambos momentos, recurrimos al disfraz porque nuestra naturaleza nos lleva a mentir en función de ciertos momentos. Es decir, utilizamos el recurso de la distracción: lo que somos, el otro que no somos, el cuerpo y el no-cuerpo. Regreso a Borges:
“En vano quiero distraerme del cuerpo
y del desvelo de un espejo incesante”.
El retrato “post mortem”, es homenaje a la distracción. Al fallecido se le rodeada de flores, familiares, mascotas. O en su caso, si se trataba de un niño o una niña, se le presentaba dormida, rodeada con algunos de sus juguetes. Otra distracción, otra puesta en escena: presentar a los difuntos con las mejillas "ligeramente coloreadas".
Disfrazarse para ser otro o disfrazarse para ser uno mismo. El cuerpo, su apariencia, la vida, la muerte, en los límites de la ficción. O la ficción misma. Una ficción, que en su transfiguración mágica, horroriza. Lo mismo, las máscaras, el disfraz, la vestimenta y el maquillaje de los payasos, "el ritual de la liberación de los Carnavales".
Me niego, insisto, a mirar esas fotos, como también me niego (nunca en mi vida lo he hecho) a entrar a la casa de los espejos. Hay algo más allá de la mirada ausente, de los disfraces, de esa yo duplicado, múltiple, irregular. Ese otro, en efecto, fascina a Borges:
“Si entre las cuatro
paredes de la alcoba hay un espejo,
ya no estoy solo. Hay otro.”
Horror vago, lo sé, reminiscencias del pasado atroz. No obstante, el horror como la realidad caótica que vivimos y nos circunda. El hombre sobrevive apenas, o lo que queda de él, la imbecilidad.
Otros apuntes:
  1. La fotografía de difuntos fue una práctica que nació poco después que la fotografía (1839) en París, Francia, que luego se extiende rápidamente hacia otros países. La práctica consistía en vestir el cadáver de un difunto con sus ropas personales y participarlo de un último retrato grupal, con sus compañeros, familiares, amigos, o retratarlo individualmente. La fotografía mortuoria no era considerada morbosa, debido a la ideología social de la época del Romanticismo. En dicho periodo se tenía una visión nostálgica de los temas medievales y se concebía la muerte con un aire mucho más sentimental, llegando algunos a verla como un privilegio.
  1. Virxilio Vieitez, nació en Soutelo de Montes en el municipio pontevedrés de Forcarey en 1930. Comenzó a trabajar en la construcción con dieciséis años y emigró a Cataluña para ejercer similar trabajo. En Palamós conoció a Julio Pallí que le enseñó el oficio de la fotografía. Comenzó a trabajar de fotógrafo en la Costa Brava haciendo retratos a los turistas, en 1955 regresó a Galicia y poco después abrió un estudio fotográfico en su pueblo natal, de ese modo tuvo ocasión de retratar a muchas generaciones de vecinos de la Tierra de Montes de forma casi anónima.
Sus fotografías son retratos de personas y grupos en actos sociales como comuniones, velatorios o bautizos, pero también en actividades cotidianas, con relación a su técnica la mayoría de sus fotos son en blanco y negro, aunque en los años setenta realizó alguna en color.
Abandonó la actividad fotográfica en los años ochenta, pero en los noventa su obra fue revalorizada protagonizando la representación de la fotografía gallega en la VIII edición de la Fotobienal de Vigo en 1998 y después en el Museo de Arte Contemporánea MARCO, en la Sala de Exposiciones Caixanova de Vigo, en la exposición "150 años de fotografía en España" seleccionada por Publio López Mondéjar que estuvo en La Coruña y Orense, en la muestra Al gust de Cartier-Bresson en Barcelona, en Ámsterdam y en Nueva York. Falleció en la misma villa en que nació el 15 de julio de 2008.
  1. Virginia de la Cruz Lichet, en su libro Del retrato y la muerte: la tradición de la fotografía “post mortem” en España. (Temporae, D.L. 2013), aborda esta práctica. El libro cuenta con 185 imágenes de época procedentes en su mayoría de archivos públicos y privados de Galicia. Abundan los retratos post mortem infantiles, metáfora gráfica de la virulencia de enfermedades por entonces letales como el tifus o el sarampión. ¿Por qué alguien querría fotografiar el cuerpo sin vida de un ser querido? es la pregunta que vertebra la obra. Descubrir estas fotografías en el archivo personal de Virxilio Vieitez, despertaron su curiosidad.
  1. El primer retrato post mortem (hecho con un daguerrotipo) data de 1840, pero la representación de la muerte nació en el momento en que el ser humano fue consciente del carácter pasajero su existencia. Las figuras monolíticas prehistóricas, las efigies egipcias, las máscaras mortuorias medievales, las pinturas renacentistas, reservadas a la alta sociedad...
Para saber más:
  1. El retrato y la muerte. Sobre el libro de Virginia de la Cruz Lichet http://www.etnobloc.es/entrada/el-retrato-y-la-muerte/
  2. Fotografía/monumento. Historia de la infancia y retratos postmortem. Estudio. http://hispania.revistas.csic.es/index.php/hispania/article/viewFile/159/154
  3. Las fotografías que acompañan el texto fueron tomadas de diferentes sitios de internet.
Texto publicado en La vereda.

Comentarios