Consideraciones sobre el acto de mirar y la escritura


Para mi padre Francisco

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Uso anteojos. En el momento de la oscuridad o donde la lluvia reverbera, un doble fondo sigue la curvatura exacta de las gotas, su transparencia. Un doble fondo (cristal o mica, es lo de menos), para alcanzar las cosas: el libro, el cuaderno, el lomo de los gatos. A través de éstos, la noche, el fuego, los libros irreprochables. Apoyada sobre algo, los ojos se han ido muy lejos, como la esfinge de Henri Michaux, en imperturbable pose.

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La mirada de ojos limpios o cuarteados es sólo el inicio de lo que se percibe: el paisaje transparente o manchas. Manchas. Desordenadas, deformes, asemejan  la cama de un hospital o el edificio en llamas. Manchas (vuelvo a Michaux) derrumbándose en pequeños fragmentos. Signos de la nueva escritura.

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La mirada va y viene, enloquecida de un cuerpo a otro (nótese la ansiedad del hombre, sus ojos en el escote de la blusa, muy por debajo de la falda; nótese a la mujer ¿por qué se ruboriza? ¿por qué como bestia húmeda?) dibuja la nariz, la boca, el cabello todo revuelto. Y todo lo ganado y todo lo perdido. En el juego fascinante de los recuerdos, lo que se vuelve traslúcido o una sombra acuosa en el fondo de los espejos.

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En lo indefinido, la mirada. Se zambulle. En el decir y en el comprender, la mirada vaga como la brocha sobre el lienzo. Libra desvíos, trampas y se sitúa fuera del pliegue. Donde el parpadeo no la alcanza ni el color de los dos ojos, crece lentamente y se vuelve lago, la profundidad de éste, la simulación. Trazos figurados dentro de la mirada. Y la escritura. Una línea o muchas de estas sobre piedras o caparazones de tortugas. El mármol de los ríos en los trazos de la protoescritura, símbolos que son ventana rectangular de las palabras. En lo indefinido, la mirada. Y dentro, éstas se extienden, se reordenan. Somos la proyección.

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Más allá del color amarillo, el revés de la mirada es ceguera. Buscar en el desorden de las manchas, el hilo finísimo del anhelo, un anhelo auxiliar, un posible colocar las cosas intactas sobre la mesa. Más allá del escenario que desaparece, la ceguera es hundir la oscuridad en las palabras, éste nuevo desciframiento.

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La mirada
una página atravesada por el sueño

                                      la escritura o el revés de ésta

                                                           una luz amarilla

                                                           si cerramos los ojos.

Comentarios

  1. Hola Nadia, una de las cosas. Más afortunadas que me dio este año que agoniza, fue encontrar tu contacto. GRACIAS.

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