Biblioteca y jardín


Después de muchos años, la necesidad de corriente eléctrica y de internet me lleva a entrar a la biblioteca. La mesa la comparto con dos personas más: un joven y un hombre adulto. El joven tiene puestos los audífonos y teclea muy rápido. El hombre adulto está en silencio mirando fijamente la pantalla. Supongo que lee algún diario.

La vida poco a poco me ha acostumbrado a leer casi todo de manera digital. La mayoría de los libros que compro ahora son versión electrónica porque en mi casa no caben las versiones impresas y me veo en la necesidad de tenerlos en cajas bajo las escaleras o bajo las camas. Hace un par de años comencé a comprar ebooks y me han ahorrado mucho espacio. Otra ventaja, caben miles en la computadora. Los espacios reducidos de las casas obligan a estas medidas drásticas. El placer de la lectura sigue intacto.

Doy un recorrido por los pasillos y saltan a la vista títulos como La Iliada, La Odisea, La Divina Comedia, El Quijote de La Mancha, Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo; saltan nombre de autores: Johann Wolfgang Goethe; Gunter Grass, William Shakespeare, Julio Verne, Charles Baudelaire, Paul Verlaine, Albert Camus, Arthur Rimbaud, Marcel Proust, Pablo Neruda, Julio Cortazar, Ernesto Sábato... Desde lejos observo la mesa donde está la computadora y todo está bien y confío un poco más para internarme en aquellas filas de libros.

Caminar por pasillos alfombrados me brinda una experiencia muy distinta. Es como caminar las calles de una ciudad desconocida y admirar cada una de sus partes. Miro así los títulos, los dibujos o las fotografías de las tapas. "Si cerca de la biblioteca tenéis un jardín ya no os faltará de nada" dice Cicerón y es una frase que llega de manera oportuna. Atrás de la biblioteca está el jardín. Tiene una fuente de agua en el centro y, a los lados, un par de bancas. Están solas, quizá por la hora del día o porque hace frío. Puedo abrir la puerta pero no lo hago. Allá en la mesa está el trabajo de muchos años.

La computadora está sobre la mesa, tal como la dejé; han partido el joven y el hombre mayor. Se escuchan algunas voces y lo que parece ser un programa de debate en la computadora de la señorita encargada del espacio. Si quitamos esta tecnología, la biblioteca es similar a aquellas que visitaba cuando era estudiante de preparatoria, principalmente. Cuando cursé la carrera ya las usábamos y había espacios destinados para hacer investigación en línea. Viví esa transición. Esta biblioteca mantiene sus ficheros que contienen las tarjetas con la información bibliográfica, según se quiera buscar: por autor, título, diccionario, palabras clave. Reviso esos cajones como lo hice hace más de veinte años. El cartón intacto, los datos limpios, precisos.

Es otro tiempo el que vivo. No revisé los documentos urgentes, no mandé los correos electrónicos necesarios. La biblioteca ocupa mi tiempo, el olor de los libros, la nostalgia por estos lugares a los que, obligados por la tecnología, abandonamos en algún momento de nuestra vida. Antes de comenzar a leer el libro que le arrebaté al orden y al olvido, abro bien los ojos para que todo el lugar entre y se quede muy dentro, fijo en la memoria.

Comentarios

  1. Supongo que a todos nos ha pasado. Hace un par de meses, mi hija mayor decidió tomar clases de pintura en la Casa de la Cultura de Lerdo. Yo me vi obligada a acompañarla. Entre por primera vez después de 15 años a ese espacio reservado para los libros. Como dices había jóvenes en las computadoras, personales y de escritorio. Yo llevaba mi laptop para escribir. Ahí entre tantos libros lograba la inspiración para teclear entre 10 y 30 líneas sin detenerme antes de tener que revisar...
    El silencio del espacio te permite escuchar el susurro de los libros que una vez fueron árboles.
    ¿Te has preguntado cual es la historia de las hojas de aquellos cadáveres en los estantes?

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    1. Me imagino que sus historias son infinitas y por ello, no las podemos catalogar. ¿Cuántas manos abrieron aquellos libros (aunque hay libros a los que jamás se acude) o cuántas personas descansan a la sombra de los árboles? Gracias por tu comentario.

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