Mi abuela tiene los ojos claros


Hace unos días partió mi abuela materna Camila Cárdenas. Quiero brindarle como homenaje, un poema que escribí hace ya algunos años y que fue publicado en el libro Cuando el cielo se derrumbe, El tucán de Virginia. 78 pp. (Poesía) Premio a publicación editorial 2006. Aquí hablo de mis dos abuelas, la materna y la paterna. Una pretexto para continuar con ellas esta conversación.

Mi abuela tiene los ojos claros,
como los de mi padre, como los de mi madre.
No es la misma mujer
aquella que veo subir
cuesta arriba hasta la plaza
donde el ingenio se deshace en vapores.

A mi abuela Clara la conocí
a través del presentimiento,
cuando hay un trompo
girando en el vuelo de la tarde
y las abejas tiñen de caprichos
su falda o su blusa.

Todo lo que sé de ella lo aprendí de mi padre.

Mi abuela Camila es alegre,
sabe de un cielo habitado por voces,
canciones como la mejor herencia.

Sé de largos pasillos
en aquella casa construida por mi abuelo
–ese muchacho de dieciséis defensor y revolucionario–
donde emergimos a los primeros juegos,
al ir y venir tras las lagartijas,
los pájaros
en la reverberación del viento.

Ambas, aunque los años nos separen y sea escarcha
la fronda de los días, rezan por mi destino.


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